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miércoles, 1 de junio de 2011

Miedo al Rechazo

No mos la palabra, más no sea para que nos diga simplemente la hora, o si tiene frío o calor, o si piensa que viajar en metro no es tan placentero como viajar en bus. Pero, en general, no hacemos nada de esto. Es más, si el otro nos gusta y nos atrae mucho, tendemos a tenerle un excesivo respeto y hasta apartamos la vista si se genera algún tipo de contacto ocular.
Ahora bien, ¿por qué nos sucede esto? En primer lugar hay que hablar de lo que se conoce como “ansiedad social”. En pocas palabras, es aquel sentimiento que nos surge cuando no sabemos cómo va a reaccionar el otro ante nuestra “intrusión” en su vida. En realidad, presuponemos un rechazo, pero esto es solo una impresión, un miedo que puede basarse o no en experiencias anteriores. Como trasponemos esas experiencias al momento, intuimos que esta nueva persona tendrá una reacción similar.
En muchas ocasiones,estas experiencias no existen y son meramente “fantasmas”. Llamamos fantasmas a representaciones psíquicas, que nos formamos por distintas circunstancias, que no tienen un asidero real. El asunto es que no todas las personas reaccionan de igual forma ante las incursiones ajenas, pero tendemos a pensar que la reacción será adversa debido a que estamos, de algún modo, estructurados así.
De todos modos, las adversidades existen. Es cierto que algunas mujeres, por ejemplo, y sobre todo las más agraciadas, tienden a ser más reacias al acercamiento. El problema es que, siendo bellas damas, día a día son acechadas por hombres que en la mayoría de los casos no pueden ocultar su desesperación por llevarlas a la cama. Y así es como llegan a arruinarlo todo, porque como ya sabemos, ir hacia el otro con el sexo en la cabeza nos hace perder la serenidad.
La clave, entonces, es reconocer el rechazo: ante una mirada esquiva, amenazante, o cortante, o ante una respuesta monosilábica, no debemos amedrentarnos. Son solo algunas barreras que pondrán naturalmente, porque la novedad ante la “intrusión” de otro asusta un poco. Sin embargo, si sabemosesquivar las barreras, iremos de a pronto, ganando la confianza del otro. Pero ese tendrá que ser asunto de otra entradason escasas las oportunidades en que nos encontramos frente a una señorita o un varón al que con gusto le dirigiría.

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